sábado, 28 de agosto de 2010

La Leyenda de Ganesha


Un día Parvati, la divina esposa del dios Shiva, cogió un poco de la ceniza que se había puesto en el pecho su marido, como lo hacen en la India todos los hombres que se dedican a la vida ascética. La diosa añadió a la ceniza unas gotas de agua que recogió en su propio cuerpo, después de bañarse. Amasó todo aquello e hizo con ello un hermoso bebé, que pronto llegó a ser un hermoso joven de rostro humano, Ganesha.

El hijo de Parvati demostraba un gran amor filial, una absoluta sumisión a las órdenes de sus superiores. Ocurría a veces que la diosa deseaba quedarse sola en su palacio. Entonces colocaba al buen Ganesha al lado de la puerta, diciéndole que no dejara pasar a nadie sin su autorización. Así tenía por seguro que nadie la molestaría sin su consentimiento.

Pero un día Siva, que deseaba ver sin tardar a su esposa, quiso entrar en el palacio de la diosa. Ganesha, que siempre respetaba la consigna, preguntó por la autorización que debía tener de su madre; y al ver que su padre no la tenía, le negó la entrada. Furioso, Siva sacó su espada y con un solo golpe hizo saltar la cabeza de su hijo. La cabeza rodó por una pendiente, desapareció y sólo quedó delante del palacio el cadáver decapitado del desgraciado joven.

El ruido del altercado hizo salir a Parvati, que saludó a su esposo. Pero de pronto vio con horror el cuerpo ensangrentado de su hijo querido cuya única culpa había sido obedecer las órdenes de su madre. Suplicó a su marido que le devolviera la vida al hijo nacido de la ceniza paterna y de las gotas de agua maternas.

Siva tenía un carácter violento e irascible, pero su corazón era bueno. El dios llamó a un servidor y le dijo:

-Ve a traerme la primera cabeza que encuentres.

Y lo primero que encontró el criado fue un elefante.

Le cortó la cabeza y se la llevó a Siva, quien la colocó en los hombros de su hijo, para resucitarlo.

Desde entonces Ganesha tiene un cuerpo rechoncho, una panza redonda, cuatro brazos y una cabeza de elefante con larga trompa y grandes orejas.

En la India se cree que el elefante es un animal de notable inteligencia. Por lo tanto, el dios con cabeza de elefante se considera como el más inteligente de los dioses.

Como se debe ser inteligente para escribir un libro, Ganesha es el dios de los escritores, el dios de los literatos. Se le hacen plegarias antes de escribir una novela o un poema. También se necesita ser inteligente para hacer negocios. Ganesha es el dios de los comerciantes. Da la riqueza a los que la merecen por su trabajo. Se le hacen plegarias antes de empezar una nueva empresa.

La inteligencia acompaña siempre otra virtud; la sensatez. Esta le hace al hombre que ame la existencia. Ella le ordena que se resigne ante los dolores inevitables, pero también le aconseja que disfrute de todos los placeres inocentes, como los de la buena comida, de los pasteles, de todos los dulces. Ganesha, dios de la sensatez, es un dios goloso y sobre todo le gustan los bombones.

A veces Ganesha ha sido víctima de la gula. Y su gran sensatez no le evitó siempre el montar en cólera. El relato que sigue es una prueba de ello.

Un día, un gran número de sus adoradores habían querido ver al dios y le habían traído manjares exquisitos. Ganesha había comido de todo y además se había hartado de bombones. Pero no le fue posible digerir todo cuanto se había tragado. Por la noche se sentía algo indispuesto y decidió dar un paseo.

Su cabalgadura acostumbrada es una rata. Ghanesa la mandó llamar, la montó y partió al trote.

Aquella noche había un maravilloso claro de luna y el aire tenía una suavidad encantadora. Pero de pronto en medio del camino una gran serpiente empezó a desenroscarse. Encima del cuello, que tenía muy tieso, la cabecita triangular que se erguía parecía plateada bajo los rayos de la luna. Sin duda el animal no tenía ninguna mala intención y sólo deseaba que lo admiraran; pero la rata se asustó terriblemente.

Se sobresaltó tanto, que hizo perder el equilibrio al dios. Ganesha se cayó y al caerse sintió estallar su barriga demasiado repleta y vio rodar todos los bombones que se había tragado durante aquel día.

Pero era demasiado inteligente para afligirse. No perdió tiempo en quejas infantiles y sólo se preocupó en arreglar las cosas.

Curó la llaga de su abdomen, juntó los dos lados de la herida y los mantuvo apretados con ayuda de un cinturón improvisado; la serpiente que había ocasionado aquel accidente servía ahora para reparar sus consecuencias.

Contento de verlo todo arreglado, Ganesha volvió a montar en su rata.

Pero en aquel mismo momento se oyó una inmensa risa. Levantando la cabeza, el dios vio la luna, cuya cara redonda estaba sacudida por una gran alegría.

-¿Por qué te ríes? -le gritó Ganesha.

-¿Y por qué no lo haría? -le preguntó a su vez la luna- ¿Te das cuenta de lo divertido que resultó el espectáculo que acabo de presenciar? Amigo, estabas ridículo, con tu ancha panza estallada, tu serpiente, tu rata y tus bombones rodando por el suelo.

-¡Malvada! ¡Luna cruel! Presencias un terrible accidente aún te atreves a reír.

Y el dios con cabeza de elefante, sacando uno de sus colmillos, lo tiró y logró romper parte del rostro luminoso de la luna. Al mismo tiempo pronunciaba palabras de maldición:

-¡Te maldigo, astro cruel! A partir de hoy, todo tu esplendor desaparecerá en ciertos momentos. Luego volver s a dejarte ver, pero sólo con una parte de tu cara; ésta se redondeará poco a poco, pero volver a partirse y a desaparecer... Mientras haya hombres, de ti se burlarán todos.

La mejor prueba de que este relato es verídico es que la luna pasa por las fases descritas en las maldiciones de Ganesha.

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